Una innovadora herramienta permite evaluar el carbono almacenado en suelos agrícolas y su impacto en la producción y el medioambiente.
La salud del suelo es un pilar esencial para una agricultura sustentable. Además de ser el soporte de los cultivos, este ecosistema actúa como un reservorio natural de carbono y desempeña un papel clave en la lucha contra el cambio climático.
En este marco, un nuevo protocolo desarrollado por entidades argentinas busca facilitar la medición del Carbono Orgánico del Suelo (COS), un indicador esencial para determinar la fertilidad y el impacto ambiental de la producción agropecuaria.
Con el respaldo de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) y la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo (AACSuelo), este protocolo unificado brinda a los productores una metodología estandarizada para cuantificar las reservas de carbono en diversas condiciones de uso del suelo. Su propósito es ofrecer información precisa y confiable, incentivando la mejora continua de las prácticas agrícolas.
Un aliado en la lucha contra el cambio climático
La captura de carbono en suelos agrícolas es una de las estrategias más efectivas para mitigar el cambio climático. A través del proceso de fotosíntesis, los cultivos y pasturas absorben CO2 de la atmósfera, almacenándolo en forma de materia orgánica en el suelo. Este mecanismo no solo ayuda a reducir los gases de efecto invernadero, sino que también mejora la estructura y fertilidad del suelo.
Se estima que los suelos pueden contener entre dos y tres veces más carbono que la atmósfera. Pequeñas variaciones en los niveles de COS pueden tener un impacto considerable, consolidando a la agricultura como un actor esencial en la lucha contra el cambio climático.
Un protocolo dinámico y adaptable
El Protocolo para la Medición de Carbono en Suelos no es un documento rígido, sino una publicación “viva”. Esto implica que se encuentra en constante actualización, integrando mejoras derivadas de la experiencia de productores y especialistas que lo implementan. Su desarrollo responde a la necesidad de contar con un método accesible y fácil de aplicar, permitiendo evaluar los cambios en los niveles de carbono a lo largo del tiempo y comparar distintos enfoques productivos.
Los datos obtenidos con esta herramienta pueden ser utilizados tanto a nivel experimental, para contrastar tratamientos en ensayos, como en el ámbito productivo, proporcionando información sobre la cantidad de carbono almacenado en toneladas por hectárea. Con estos valores, los productores pueden ajustar sus estrategias de manejo para optimizar la captura de carbono y mejorar la sustentabilidad de sus sistemas agrícolas.

El desafío de mantener y aumentar el carbono del suelo
Actualmente, los suelos agrícolas argentinos presentan un stock promedio de COS de 56 toneladas por hectárea. Para mantener este nivel, se necesita un aporte anual de 2,45 t de carbono por hectárea, equivalente a la producción de 6,3 t de materia seca por hectárea proveniente de cultivos y pasturas.
El aporte promedio actual es de 6,5 t de materia seca por hectárea al año, lo que permite conservar los niveles de COS. Sin embargo, en ciertas regiones como NOA, Entre Ríos, la Zona Núcleo y el Sudeste de Buenos Aires, los requerimientos son mayores, alcanzando entre 10 y 12 t de materia seca por hectárea anualmente.
Para incrementar los niveles de carbono en el suelo y alcanzar valores óptimos, sería necesario aumentar los aportes en un 11%, llegando a una producción promedio de 7,4 t de materia seca por hectárea anualmente. En un escenario más ambicioso, que apunte al máximo potencial de almacenamiento de COS, los aportes anuales necesarios se elevarían a 13,7 t de materia seca por hectárea.
Un paso adelante en la gestión sustentable del carbono
El desarrollo de este protocolo representa un avance significativo en la manera en que se mide y gestiona el carbono en suelos agrícolas. Al proporcionar una herramienta práctica y de fácil adopción, se espera que cada vez más productores incorporen la medición de COS en sus estrategias productivas, fomentando un modelo de agricultura más sustentable y resiliente frente al cambio climático.
