La tradición de los regalos nocturnos para los niños tiene su origen en una historia antigua, pero su versión exacta y sus detalles varían considerablemente. A pesar de ser comúnmente conocidos como «reyes magos», no hay certeza de que fueran reyes, magos, ni siquiera que fueran tres en número. Se sabe que procedían de Oriente.
Su mención del profeta Miqueas y el anuncio del nacimiento del rey de los judíos provocó la ira de Herodes, desencadenando la trágica matanza de los inocentes, donde se ordenó la muerte de todos los niños varones menores de dos años.
Respecto al lugar de llegada, hay dudas sobre si fue una gruta o un establo, y tampoco hay certeza sobre la presencia de animales como una mula o un buey. Estos detalles provienen del “Libro de Set” de Edessa, escrito tres siglos después del evento.
Se cuenta que los magos siguieron una estrella hasta Belén, pero hay incertidumbre sobre qué fenómeno astronómico exacto los guió.

Posibles explicaciones incluyen una conjunción de Júpiter y Saturno en el 4 o 6 d.C., una nova observada por astrónomos chinos en el año 5, una conjunción de planetas y estrellas en el año 6 a.C., o una conjunción de Venus y Júpiter en el año 2 d.C.
El número de magos es también un tema de debate; variando de doce según la iglesia de Siria hasta sesenta según la copta. El evangelio armenio fue el primero en asignarles nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar, representando a los persas, hindúes y árabes respectivamente, pero sin afirmar que alguno de ellos fuera de piel oscura.
Los magos han inspirado una rica iconografía en la historia del cristianismo y sus celebraciones han dejado una marca cultural profunda.

La Adoración de los Reyes ha sido tema de obras de arte notables, incluyendo la de Gentile da Fabriano (1423) en la Galería de los Uffizi, y la de Rogier van der Weyden (1455) en la Pinacoteca Antigua de Múnich, que innovó al relacionar a los magos con las tres edades del hombre.
Benozzo Gozzoli (1421-1497) fue pionero en la práctica de incorporar a personalidades influyentes y de alto estatus en representaciones de figuras destacadas del cristianismo. Su obra «Adoración de los Reyes» (1459-1461) rinde homenaje a la familia Medici, reflejando sus aspiraciones de convertir a Florencia en sede de un importante concilio ecuménico.
Leonardo da Vinci (1452-1519), en 1481, recibió el encargo de realizar una «Adoración de los Magos» para el monasterio de San Donato en Scopeto. Aunque quedó incompleta, como muchas obras de Leonardo, tenía el potencial para ser una de las grandes piezas de la historia del arte.
En 1494, El Bosco introdujo un enfoque más modesto en su «Adoración», distinguiéndose de sus contemporáneos por presentar a un mago de piel oscura. Esta pieza se conserva en el Museo del Prado.

Rubens (1577-1640), en 1609, ofreció una interpretación casi sensual de la «Adoración», caracterizada por su riqueza física, el movimiento de las telas y un juego dinámico de luces y sombras, también exhibida en el Prado.
Velázquez (1599-1660), en 1616, recreó la «Adoración» con un enfoque en la intimidad y la humildad del escenario. Se dice que Velázquez utilizó a su familia como inspiración para los personajes bíblicos: Francisco Pacheco, su suegro, como Melchor; su esposa, Juana Pacheco, como la Virgen; y él mismo como Gaspar.
Finalmente, en 1638, Zurbarán (1598-1664) pintó su versión para la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión en Jerez de la Frontera.
Aunque similar en algunos aspectos a la obra de su amigo Velázquez, Zurbarán empleó un tratamiento único de la luz, creando la impresión de dos fuentes luminosas: el atardecer de fondo y la luz que destaca a los personajes.
